sábado, 18 de julio de 2026

 

FE EN LA EDUCACION       

Es fin de curso escolar .El nerviosismo se cuela por las entretelas de los infanzones y el personal (matrio especialmene) está a la espera de unos números que las haga suspirar profundamente. Hablamos de notas, no de educación.  Si hablamos de educación hay que añadir que   cabe la triste posibilidad de que en España y en estos tiempos, la educación no le importe casi a nadie, salvo a un puñado de  profesores y profesoras( maestros)   no vencidos por el desaliento ni aquejados en exceso por las oscuridades depresivas; también  a un buen puñado de  alumnos y alumnas misteriosamente poseídos por el deseo de aprender; y también a algunos padres y madres de convicciones humanistas y- cómo no-,  a unos cuantos ilustrados sueltos que siguen sosteniendo la  convicción de que el saber es un ingrediente de la libertad y también de la igualdad.

Su fe, la  de estos creyentes en la educación a pesar de los pesares, está basada en el convencimiento de que el ser humano, para alcanzar la plenitud de sus facultades, necesita un aprendizaje -en ocasiones arduo- que le ayude a comprender racionalmente el mundo, a reconocerse en la humanidad de los otros, a situarse en el espacio gracias a la geografía y en el tiempo gracias a la historia. Sin tal aprendizaje no hay posibilidad alguna de distinguir entre las cosas ciertas y los embustes,  entre la evidencia fiable y la propaganda , entre la justicia y la injusticia, entre la democracia y la tiranía. Esa es la fe que nos motiva a algunos y que nos lleva a defender la educación  con ahínco.

Desde que nacemos empieza nuestro aprendizaje. Y quien nos enseñó no fue un transmisor mecánico de un conocimiento; fue una persona. El aprendizaje entra por la piel, como casi todo. Aprendemos porque a alguien le importamos y porque alguien nos importa. Después del padre y la madre, es el profesorado quien nos ayuda a aprender  no solo porque saben las cosas que necesitamos aprender, sino porque – en general- ponen el corazón en ello, ya sea en una escuela infantil o en un aula de Instituto.

Una queja generalizada es la imposición  desde la Administración  de una  aberrante forma de valorar los aprendizajes del alumnado, de consignar en un papel sus adquisiciones y descubrimientos; un sistema(repito, aberrante) que es un galimatías que no entienden ni sus promotores que , por cierto, no fueron pedagogos españoles que los tenemos y muchos, sino que, al parecer, tiene su origen en un informe sobre la educación del presente con vistas al futuro que ya está aquí , que la OCDE solicitó a la consultora McKinley estadounidense. Sus conclusiones se resumían en dos puntos igual de aterradores: la escuela tiene que educar en el liderazgo para la innovación; y la escuela no tiene que promover el conocimiento, sino las “competencias”.

¿Qué competencias pueden enseñarse separándolas de ese conocimiento que tanto parece desagradar a los defensores del neoliberalismo?   ¿Pueden desarrollarse la creatividad o el sentido crítico  sin una formación verdadera? No , mil veces no. El conocimiento no se transmite mecánicamente, como la información que uno copia y pega de la inteligencia artificial. El conocimiento se transmite por la piel, ya lo he dicho, y no hay aprendizaje si no hay emoción y humanidad.

Escribió Muñoz Molina que los buenos profesores sufren la postergación y el asedio porque son una barrera, casi la última, contra el triunfo de la ignorancia y la barbarie, de la amnesia colectiva y el cinismo insidioso para el que todo da igual. Nos quieren ignorantes y mansos en nuestro aborregamiento colectivo. En la Guerra Civil, los fascistas españoles tenían predilección por fusilar maestros. Ahora se trata de volverlos irrelevantes, de despojarlos de su dignidad y de los medios necesarios para su trabajo hasta que claudiquen y se rindan, o esperen desmoralizados a jubilarse.”

Tomemos nota. Se acaba un curso pero la escuela , como la vida,  sigue. Y un nuevo curso volverá a convertirse en una oportunidad para tantos y tantos jóvenes que dependen de su formación para desarrollarse como personas. Y , pese a los ultraliberales tecnofascistas, seguirá siendo un espacio para las emociones y el humanismo. Cuidémosla, está amenazada.

25 de Junio de 2026

Enrique Monterroso Madueño

 

 

 

 

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