FE EN LA EDUCACION
Es fin de curso escolar .El
nerviosismo se cuela por las entretelas de los infanzones y el personal (matrio
especialmene) está a la espera de unos números que las haga suspirar
profundamente. Hablamos de notas, no de educación. Si hablamos de educación hay que añadir
que cabe la triste posibilidad de que en
España y en estos tiempos, la educación no le importe casi a nadie, salvo a un
puñado de profesores y profesoras(
maestros) no vencidos por el desaliento ni aquejados en
exceso por las oscuridades depresivas; también a un buen puñado de alumnos y alumnas misteriosamente poseídos por
el deseo de aprender; y también a algunos padres y madres de convicciones
humanistas y- cómo no-, a unos cuantos
ilustrados sueltos que siguen sosteniendo la
convicción de que el saber es un ingrediente de la libertad y también de
la igualdad.
Su fe, la de estos creyentes en la educación a pesar de
los pesares, está basada en el convencimiento de que el ser humano, para
alcanzar la plenitud de sus facultades, necesita un aprendizaje -en ocasiones
arduo- que le ayude a comprender racionalmente el mundo, a reconocerse en la
humanidad de los otros, a situarse en el espacio gracias a la geografía y en el
tiempo gracias a la historia. Sin tal aprendizaje no hay posibilidad alguna de
distinguir entre las cosas ciertas y los embustes, entre la evidencia fiable y la propaganda ,
entre la justicia y la injusticia, entre la democracia y la tiranía. Esa es la
fe que nos motiva a algunos y que nos lleva a defender la educación con ahínco.
Desde que nacemos empieza nuestro
aprendizaje. Y quien nos enseñó no fue un transmisor mecánico de un
conocimiento; fue una persona. El aprendizaje entra por la piel, como casi
todo. Aprendemos porque a alguien le importamos y porque alguien nos importa.
Después del padre y la madre, es el profesorado quien nos ayuda a aprender no solo porque saben las cosas que necesitamos
aprender, sino porque – en general- ponen el corazón en ello, ya sea en una
escuela infantil o en un aula de Instituto.
Una queja generalizada es la
imposición desde la Administración de una
aberrante forma de valorar los aprendizajes del alumnado, de consignar
en un papel sus adquisiciones y descubrimientos; un sistema(repito, aberrante)
que es un galimatías que no entienden ni sus promotores que , por cierto, no
fueron pedagogos españoles que los tenemos y muchos, sino que, al parecer,
tiene su origen en un informe sobre la educación del presente con vistas al
futuro que ya está aquí , que la OCDE solicitó a la consultora McKinley
estadounidense. Sus conclusiones se resumían en dos puntos igual de
aterradores: la escuela tiene que educar en el liderazgo para la innovación; y la
escuela no tiene que promover el conocimiento, sino las “competencias”.
¿Qué competencias pueden enseñarse
separándolas de ese conocimiento que tanto parece desagradar a los defensores
del neoliberalismo? ¿Pueden desarrollarse
la creatividad o el sentido crítico sin
una formación verdadera? No , mil veces no. El conocimiento no se transmite
mecánicamente, como la información que uno copia y pega de la inteligencia
artificial. El conocimiento se transmite por la piel, ya lo he dicho, y no hay
aprendizaje si no hay emoción y humanidad.
Escribió Muñoz Molina que los
buenos profesores sufren la postergación y el asedio porque son una barrera,
casi la última, contra el triunfo de la ignorancia y la barbarie, de la amnesia
colectiva y el cinismo insidioso para el que todo da igual. Nos quieren
ignorantes y mansos en nuestro aborregamiento colectivo. En la Guerra Civil,
los fascistas españoles tenían predilección por fusilar maestros. Ahora se
trata de volverlos irrelevantes, de despojarlos de su dignidad y de los medios
necesarios para su trabajo hasta que claudiquen y se rindan, o esperen
desmoralizados a jubilarse.”
Tomemos nota. Se acaba un
curso pero la escuela , como la vida,
sigue. Y un nuevo curso volverá a convertirse en una oportunidad para
tantos y tantos jóvenes que dependen de su formación para desarrollarse como
personas. Y , pese a los ultraliberales tecnofascistas, seguirá siendo un
espacio para las emociones y el humanismo. Cuidémosla, está amenazada.
25 de Junio de 2026
Enrique Monterroso Madueño
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