¿ESPAÑA ACONFESIONAL?
Sobre la visita del Papa dos cositas : una es resaltar
como es debido la importancia ciertamente histórica de la misma, la capacidad
organizativa demostrada por todas las instituciones tanto políticas como
religiosas, así como la impecable respuesta de la ciudadanía fueran feligreses
o no. España ha puesto el listón muy alto y eso debe ser reconocido por todos
nosotros. Dicho esto hay que añadir a continuación que en muchos momentos de
esta semana he tenido dudas si nuestra Constitución sigue vigente o no pues la
imagen ofrecida encaja difícilmente en un Estado que se define como
aconfesional.
Por otro lado se ha ofrecido una idea de país que no real en
cuanto a fe y religiosidad se refiere. El aluvión de informaciones acríticas
difundidas estos días incluidas las emitidas por las televisiones públicas, ha
construido un espejismo que poco tiene que ver con la realidad sociológica del
país tal y como revelan datos absolutamente fiables. Así las cosas, la cuestión de fondo no es la relevancia del
Papa ni el interés que pueda despertar su visita. Por supuesto que sí. Lo que resulta llamativo es la distancia entre
la imagen que se ha ofrecido de la sociedad española por buena parte de las
instituciones tanto del Estado como de las Autonomías y por los medios de
comunicación y una España que, Constitución en mano, es aconfesional.
La
segunda cosita que quiero comentar de este acontecimiento es el lema de la
visita: “ alzar la mirada”. Hace
exactamente dos meses que les hablé en un picotazo que justamente titulé así :
“ alzar y bajar la mirada” . El título está tomado de una historia narrada por
Santiago Alba Rico que no me resisto a reescribir y recordar. Sitúa la acción en
un vagón de metro de Madrid , repleto de seres
humanos , en el entró un hombre depauperado,
indigente más bien, que alzó la voz
dirigiéndose al público. Los viajeros esperaron escuchar una historia de paro e indigencia y una
petición de monedas. Pero no. El hombre que
alzó la voz tan sólo dijo enérgicamente
: “No les voy a pedir dinero, sólo les voy a pedir que me miren , que
quiten sus ojos del teléfono móvil y me digan buenos días”.
Me ha parecido tremenda esta
historia extraída de la vida cotidiana pues nos podemos ver reflejados en
ella todos aunque no viajáramos en ese
vagón de metro. Cuantas veces, ante una realidad tan cruda como ofrece
cualquier escenario de la vida diaria nos limitamos tan sólo a levantar un
segundo la mirada para contemplar tanta desgracia, tanta necesidad o
situaciones límite y bajarla de inmediato
y seguir a lo nuestro, la cabeza gacha y
teléfono en ristre.
El hombre del metro de Alba Rico planteaba algo
difícil de cumplir : que lo
miraran, aunque fuera un segundo sabiendo que de inmediato lo iban a ignorar;
reconocerlo como sufridor por un momento y al mismo tiempo olvidarlo. Esa persona tan necesitada de reconocimiento ,en
realidad, solo quería poner en aprietos
a sus semejantes; como si fuera la
pequeña revancha de un humillado, de un
fracasado social para hacerles ver , para hacernos ver su indiferencia culpable ante el sufrimiento de los semejantes.
Porque , en efecto, hace falta ser
malos de solemnidad y poco cristianos para dar ignorar, para no levantar la mirada y
reconocer a una persona que pide pan , que pide auxilio, que pide comprensión,
que pide solidaridad, que pide respeto. Sólo un sádico sin entrañas y sus
cómplices se atreven a mirar a los ojos
a una persona débil y desarmado antes de destruirlo. Pongan ustedes el
patronímico , da igual, seres humanos.
La pregunta es obvia, ¿ se refiere
el lema papal de alzar la mirada a la historia narrada por Alba Rico? Creo que
no. Alzar la mirada para ver el cielo es distinto de alzarla para reconocer a
Dios en los semejantes . Ejercer la compasión de boquilla ante el sufrimiento alzando la
mirada y al mismo tiempo desentenderse de los que sufren bajando la mirada es
hipocresía.
No quiero para mi la imagen
de un derrotista. Me sumo al coro de las felicitaciones por la visita de León
XIV.
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