sábado, 18 de julio de 2026

 

EMPATE                             26-06-2026

No sólo España, claro está, el mundo entero  se dispone a pasar página rápidamente en cuanto a sus  preocupaciones se refiere para entregarse apasionadamente a lo importante : el mundial de fútbol que sin duda va a resolver buena parte de nuestras cuitas.   Metidos de lleno en el campeonato mundial de futbol cuya atención supera a cualquier otra preocupación ya sea social, política o económica, estamos a la espera de un empate , el de España contra Uruguay que nos otorgaría   determinadas ventajas en rondas posteriores.

Pensémoslo bien.  El empate, cualquier empate, debería ser una aspiración pero evidentemente y en general no es así y no pocas veces se considera una derrota. Miren si no el empate de España con Cabo Verde que fue tachado de vergüenza nacional. Miren qué bonito :España y Cabo Verde, que no empatan ni en riqueza ni en población ni en historia (de la infamia), pueden desafiarse en un terreno de juego o, lo que es lo mismo, en un nuevo relato de la Historia en el que formalmente todo es posible, hasta superar las derrotas históricas y terminar empatados.

La palabra empate, una palabra procedente del latín alude al hecho de “pactar” o “hacer las paces”; es decir, de alcanzar un equilibrio pacificador. Pero olvidémoslo rápidamente : una sociedad de empates es una utopía que no encaja con el mundo actual.  

Un empate podría ser, sí, el resultado final de un deporte igualmente excitante, en el que podríamos admirar las jugadas con más pureza y a nuestro héroes favoritos con menos reservas. Pero no nos hagamos ilusiones. Nada es puro en este mundo y menos el fútbol, en el que mezclamos todos los enredos de nuestra personalidad: psicológicos, políticos y comerciales. Un intento de remedio de todos los males que, como comprobamos, no acaba de funcionar así.

Y sin embargo, y por encima de la FIFA  y de sus ejecutivos poco decorosos, por encima de negocios millonarios y corruptelas en el fútbol hay más cosas que ver o intentar ver al menos. Está la belleza de un juego inventado hace ciento cincuenta años por la clase obrera británica que coloca la inteligencia en los pies, que combina lo individual y lo colectivo y que señala con líneas y redes los límites del espacio.

El fútbol agita  dos tipos de vínculos afectivos: uno tiene que ver con el lugar de nacimiento, con la infancia, con experiencias afectivas irracionales, lo que nos lleva a decir, por ejemplo, “soy del Betis o soy del Málaga”. El otro amor tiene que ver con la voluntad y expresa sesgos culturales o políticos: cuando veo un partido de fútbol y no juega mi equipo, se suele escuchar o decir “voy con Senegal o voy con Francia” sobre todo si el rival es el equipo que más odiamos. Todos los aficionados al fútbol tienen, en definitiva un equipo emocional y un equipo racional. Son estos vínculos racionales los que nos definen ideológicamente; “vamos con Senegal” quiere expresar “vamos contra Francia”,  una valoración del colonialismo que sometió durante cuatro siglos a los senegaleses.

Pues bien , dentro de unas horas tendremos la oportunidad de expresar ese “vamos con España” atendiendo a nuestras razones sentimentales pero dejamos un hueco para decir también “ vamos con un tipo   llamado Bielsa” ( a la sazón entrenador del conjunto nacional de Uruguay) llevados por nuestro ideario compartido de negarnos a que el fútbol sea un indecente negocio que poco tiene que ver con el deporte y la conciencia.

Lo dicho, lo ideal y deseable es el empate.

 

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