EMPATE 26-06-2026
No sólo España, claro está,
el mundo entero se dispone a pasar
página rápidamente en cuanto a sus
preocupaciones se refiere para entregarse apasionadamente a lo
importante : el mundial de fútbol que sin duda va a resolver buena parte de
nuestras cuitas. Metidos de lleno en el campeonato mundial de futbol cuya
atención supera a cualquier otra preocupación ya sea social, política o
económica, estamos a la espera de un empate , el de España contra Uruguay que
nos otorgaría determinadas ventajas en
rondas posteriores.
Pensémoslo
bien. El empate, cualquier empate,
debería ser una aspiración pero evidentemente y en general no es así y no pocas
veces se considera una derrota. Miren si no el empate de España con Cabo Verde
que fue tachado de vergüenza nacional. Miren qué bonito :España y Cabo Verde,
que no empatan ni en riqueza ni en población ni en historia (de la infamia),
pueden desafiarse en un terreno de juego o, lo que es lo mismo, en un nuevo
relato de la Historia en el que formalmente todo es posible, hasta superar las
derrotas históricas y terminar empatados.
La palabra empate,
una palabra procedente del latín alude al hecho de “pactar” o “hacer las
paces”; es decir, de alcanzar un equilibrio pacificador. Pero olvidémoslo
rápidamente : una sociedad de empates es una utopía que no encaja con el mundo
actual.
Un empate podría
ser, sí, el resultado final de un deporte igualmente excitante, en el que
podríamos admirar las jugadas con más pureza y a nuestro héroes favoritos con
menos reservas. Pero no nos hagamos ilusiones. Nada es puro en este mundo y
menos el fútbol, en el que mezclamos todos los enredos de nuestra personalidad:
psicológicos, políticos y comerciales. Un intento de remedio de todos los males
que, como comprobamos, no acaba de funcionar así.
Y sin embargo, y
por encima de la FIFA y de sus
ejecutivos poco decorosos, por encima de negocios millonarios y corruptelas en
el fútbol hay más cosas que ver o intentar ver al menos. Está la belleza de un
juego inventado hace ciento cincuenta años por la clase obrera británica que
coloca la inteligencia en los pies, que combina lo individual y lo colectivo y
que señala con líneas y redes los límites del espacio.
El fútbol agita dos tipos de vínculos afectivos: uno tiene
que ver con el lugar de nacimiento, con la infancia, con experiencias afectivas
irracionales, lo que nos lleva a decir, por ejemplo, “soy del Betis o soy del
Málaga”. El otro amor tiene que ver con la voluntad y expresa sesgos culturales
o políticos: cuando veo un partido de fútbol y no juega mi equipo, se suele
escuchar o decir “voy con Senegal o voy con Francia” sobre todo si el rival es
el equipo que más odiamos. Todos los aficionados al fútbol tienen, en
definitiva un equipo emocional y un equipo racional. Son estos vínculos
racionales los que nos definen ideológicamente; “vamos con Senegal” quiere
expresar “vamos contra Francia”, una
valoración del colonialismo que sometió durante cuatro siglos a los senegaleses.
Pues bien ,
dentro de unas horas tendremos la oportunidad de expresar ese “vamos con
España” atendiendo a nuestras razones sentimentales pero dejamos un hueco para
decir también “ vamos con un tipo
llamado Bielsa” ( a la sazón entrenador del conjunto nacional de
Uruguay) llevados por nuestro ideario compartido de negarnos a que el fútbol
sea un indecente negocio que poco tiene que ver con el deporte y la conciencia.
Lo dicho, lo
ideal y deseable es el empate.
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