NO NOS QUEREMOS LO SUFICIENTE
Hay una manera eficaz para
evaluar los cambios en la vida y es recordar el pasado. Recordar dónde
estábamos hace 10, 20, 50 años. Cómo era nuestra familia, nuestro trabajo,
nuestra vivienda, nuestro coche, nuestra
vida….Quiénes éramos entonces y quiénes somos ahora. El paso del tiempo se
comprende mejor así. Será inevitable una cierta la nostalgia, una cierta idealización del pasado, pero los
cambios profundos saltan a la vista y son inapelables.
Hablando de España los datos
objetivos son los que son. A nivel europeo y me atrevo a decir que más allá, me es difícil encontrar una historia de éxito tan enorme como los últimos cincuenta años españoles.
Hace 50 años España era pobre, inculta y subdesarrollada. Secuestrada por una
dictadura y por la moral católica. Era un convento y un cuartel.
Hoy al final de este 2025 España
es uno de los países más prósperos , más libres del planeta y con más derechos
ciudadanos alcanzados. Nuestra esperanza de vida supera los 83 años, de las más
altas del planeta, y el índice de desarrollo humano que tenemos está entre las
naciones con mejores condiciones de vida. Somos una democracia plural y
europeísta. Tenemos una sanidad pública, universal y gratuita; una educación de
calidad y disfrutamos de libertades civiles que hace medio siglo parecían
inalcanzables. Nuestra renta per cápita duplica con creces la media mundial. Es
un país donde las mujeres no sólo votan sino que deciden y gobiernan. Y es uno
de los lugares del mundo donde amar a quienes queramos o decir lo que pensamos
no nos cuesta la cárcel como antes.
Medio siglo ha dado para mucho.
No ha habido en la historia de España una transformación mayor que la vivida en
este medio siglo. En ningún momento del pasado hubo una etapa de mayor
prosperidad; nunca un período mejor que celebrar. No diré que todo sea perfecto;
en ningún país lo es y aquí tampoco. Hay muchísimos temas por mejorar, como es
el caso de la vivienda o las desigualdades entre nosotros, especialmente entre
la infancia. Las libertades , tan duramente conseguidas , están hoy
cuestionadas. La democracia también corre el riesgo de una involución
autoritaria. La prosperidad económica no ha alcanzado a todos los lugares por
igual. El ascensor social sigue averiado aunque casi todos los jóvenes hoy
llegan a la universidad. La memoria sigue siendo la gran asignatura pendiente y
a una buena parte de los españoles les molesta que se recuerde lo nefasta que
fue la dictadura, el período del franquismo.
Nuestro presente es muy
mejorable, ciertamente. Pero si miramos medio siglo atrás, simplemente no hay
color. A ojos de cualquier extranjero la trasformación de España es apreciada con admiración. No así los
propios españoles que parecemos no valorar debidamente los objetivos
alcanzados. ¿ Por qué nos cuesta tanto a los españoles reconocer los
méritos de nuestro propio país? ¿ Por
qué tenemos la autoestima tan baja?
Como todos los traumas, para
entenderlo hay que mirar al pasado, a la muy deficiente construcción nacional
española ya desde siglos atrás. No sólo no abrazamos en su día el concepto de
nación que nos equiparaba a la Europa ilustrada sino que , en algunos momentos
de nuestra historia nos enorgulleció aquello de que cuanto más analfabeto, más
patriota. La ignorancia en el pasado y una ensalada de falsos mitos
sustituyeron a un verdadero proyecto nacional con una idea de España con un futuro común. En media España
de derechas , se instaló con el tiempo una idea de España enfrentada a la otra
media a la que llega a tachar de antiespaña, tanto que a la izquierda esa imagen provocó una reacción ,
una respuesta. Se confundió federalismo ( que viene de frater, hermano) con
debilidad de la nación. Se sigue
confundiendo hoy en día.
Por favor, miremos lo justo el
retrovisor; miremos la historia de cincuenta años atrás para entender cómo
hemos llegado hasta aquí. En los dos últimos siglos España perdió todas sus
colonias, vivió cuatro guerras civiles, sufrió varias dictaduras, y se convirtió en una caricatura de El
Quijote, alguien con sueños de una
gloria pasada pero comiéndose los mocos. Y así llegó España a 1.975 , con una nación de ciudadanos
pero agrietada. Una patria donde quienes la celebran piensan en desfiles
militares en vez de hospitales públicos o escuelas. Algunos de estos supuestos
patriotas no se dan cuenta de la incoherencia que supone llevar una pulserita rojigualda en la muñeca
y esconder su dinero en paraísos fiscales.
Por eso nos sigue costando tanto
querernos como país. Porque durante demasiado tiempo el patriotismo fue
monopolio de los reaccionarios y el rechazo a la bandera fue la respuesta
natural de quienes defendían la libertad y el progreso. En España, el amor a la
patria se confundió con el amor a la dictadura. Tanto es así que , como vemos a
estas alturas, cincuenta años después a la democracia le está costando
construir su propio relato, echar raíces.
El resultado es esta paradoja: un país que está viviendo su mejor
época y , sin embargo, no se la cree.
Superar esta contradicción no
exige olvidar el pasado sino comprenderlo. Mirarlo de frente, sin miedo.
Recordar de dónde venimos es la única manera de saber quiénes somos. La
historia de España no es solo la de sus reyes ni las de sus guerras inciviles sino
también la de quienes lucharon por la libertad, por la ciencia, la cultura, la
justicia y la igualdad. Ahí está la verdadera herencia nacional que deberíamos
reivindicar.
Tenemos motivos de sobra para
recuperar nuestra estima, nuestro patriotismo español. No permitamos que España
sea propiedad privada y la registren a su nombre.
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