viernes, 16 de enero de 2026

 

SISMOGRAFÍA POLÍTICA         


Estamos en pleno terremoto político : los demócratas estamos aterrados por la sismografía de las encuestas que hablan del ascenso de los no demócratas en la escala de preferencias de los españoles a la hora de elegir a nuestros representantes.

La cosa se sintetiza así : primero mostramos nuestro desconcierto ante las previsiones o ante las manifestaciones ruidosas y escandalosas de la calle o ante los exabruptos del Parlamento que parece no tener límite. En ese momento estamos.  Más tarde viene la gran indignación por semejante avance demencial . Pero la preocupación por el avance de la derecha más extrema trivializa la crisis que está atravesando la democracia, no sólo en España sino en el  mundo entero. Obsérvese que desde que Trump llegó al poder lo que está en juego es el orden mundial basado en unas normas establecidas. Y para plantar cara a esa alianza que constituyen de facto estos  matones  y autoritarios es necesario localizar correctamente el peligro cultural y político en el seno de nuestras democracias, no fuera.

En realidad, la amenaza no procede únicamente de los partidos extremistas que quieren socavar los principios de los derechos humanos, la separación de poderes y la protección que brinda el Estado del bienestar. El peligro no es solo que estos radicales autoritarios lleguen al poder o se establezcan coaliciones con ellos. El verdadero peligro y error reside en que los demás partidos traten de imitarlos , de copiarles sus discursos y se apresuren a adoptar sus dogmas racistas, patrioteros.

De tal manera que, tanto si es por resentimiento  o por error táctico como si es por pura conveniencia electoral, los intentos de los partidos tradicionales, clásicos de debilitar a la ultraderecha adoptando sus posiciones populistas lo único que logran es acabar normalizando el desprecio por la humanidad y debilitar el sentimiento de comunidad basado en la solidaridad.

En Alemania pasó exactamente eso en las pasadas elecciones. Y puede pasar en España.  Los conservadores  se emplean a fondo en mimetizar los eslóganes populistas y demenciales de la guerra cultural: se demoniza la inmigración (a pesar de que todos los datos económicos y demográficos demuestran la urgente necesidad de tener aún más inmigración), se debilita el consenso político sobre la memoria histórica y la reflexión crítica acerca del franquismo, se intimida a los actores de la sociedad civil. Los radicales de derechas , ante esta copia de sus postulados, ante tanto apoyo de la competencia, apenas dan crédito a su suerte y se apresuran a recoger los frutos sin despeinarse .

Si queremos preservar los logros de las democracias , si aspiramos a contrarrestar el eje autoritario y fascista que maneja el mundo, los conservadores deben preguntarse si les queda aún un fervor ético que los distinga de las ideologías radicales y de desprecio por la humanidad o se van a dejar llevar por la ola reaccionaria  de los extremistas.

La crisis de la democracia no solo se manifiesta en las urnas, sino también en el discurso político, en la vida cotidiana, en los tribunales , en las escuelas, en los campos deportivos,  en los  bares. Ahí es donde se pone de manifiesto si se están aplicando realmente las promesas de observancia de los derechos fundamentales de libertad e igualdad. Ahí se dirime si todos aquellos que se ven marginados por tener un aspecto diferente, por creer de forma diferente, por amar de forma diferente o por tener cuerpos que se aparten de la norma, si todos aquellos que son vulnerables pueden ser vilipendiados y atacados impunemente por las ideologías no democráticas . O si, por el contrario, estamos dispuestos a defender lo conseguido hasta ahora y protegemos nuestra sociedad del bienestar, nuestros cuidados y nuestra democracia que ha costado sangre, sudor y lágrimas en este país nuestro llamado España que alguien cree que es suya y se empeñan en registrarla a su nombre.

Atentos. Enrique Monterroso Madueño

 

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